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Término aplicado a un método de grabar (y a la estampa resultante) en el que el diseño se talla directamente en la superficie de una plancha de metal (normalmente de cobre). En el habla cotidiana, la palabra grabado se refiere por lo general al grabado al buril, pero estrictamente hablando, es un término genérico que abarca varios procedimientos (véase ESTAMPA). El grabador incide sobre una plancha lisa de metal con un instrumento llamado buril. Es característico que los grabados a buril tengan una calidad de dureza metálica y austera precisión, en comparación con el dibujo fácil y espontáneo que realizan el aguafuertista y el litógrafo. El procedimiento es de naturaleza esencialmente lineal, aunque pueden sugerirse sombras y variaciones tonales mediante trazos paralelos, tramas de líneas cruzadas o texturas formadas por puntos y motas. El grabado a buril se originó al parecer hacia mediados del siglo xv en los talleres de orfebrería, surgiendo independientemente en Italia (véase NIEL) y Alemania, aunque quizá ligeramente antes en este último país. Martin Schongauer, que murió en 1491, fue el primer artista importante que trabajó sobre todo como grabador, y la técnica tuvo su mayor florecimiento a principios del siglo xvi en la obra de Alberto Durero y Lucas van Ley-den. Al mismo tiempo estaba en activo Marcantonio Raimondi, que fue el gran pionero de la utilización de grabados como medio de reproducir las obras de otros artistas. Pronto fue ésta la función primordial del grabado a buril, y hasta la invención de los métodos fotomecánicos en el siglo xix sirvió como principal sistema de reproducción de imágenes. Sin embargo, en el siglo xx el grabado a buril se ha recuperado como medio de expresión original, tal como demuestra la obra de artistas como S. W. Hayter. |
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