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Material de dibujo constituido por una ramita o una varita carbonizada (sin.: carbón). Su empleo se remonta a tiempos de los romanos y posiblemente a mucho antes. Una característica esencial del carboncillo es que se le puede borrar fácilmente de la superficie en que se dibuja, a menos que se emplee un fijador; por lo cual ha servido y sigue sirviendo para labores preparatorias, tanto para bocetos como para cartones, o para trazar en una pared o un panel las siluetas previas que luego se pueden rectificar con un medio más permanente. El suave perfilado que procura fue notablemente aprovechado por los pintores venecianos de finales del siglo xvi, por los artistas barrocos y los impresionistas. Los lápices y los clariones han ocupado hoy día su lugar en cierta medida, pero sigue utilizándose en obras de gran formato y para el dibujo vigoroso de figuras de academia en el aprendizaje. En el siglo xx, ha sido empleado de modo memorable por Barlach y Kollwitz. |
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