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Carracci

 
     
  Familia de pintores boloñeses, los hermanos Agostino (1557-1602) y Annibale (1560-1609), y su primo Ludovico (1555-1619), que a finales del siglo xvi fueron destacadas figuras del movimiento contra la artificialidad de la pintura italiana del Manierismo. Trabajaron conjuntamente al comienzo de sus carreras, y no resulta fácil distinguir las aportaciones de cada uno, por ejemplo, en el ciclo de frescos del Palazzo Faya de Bolonia (h. 15831584). A comienzos de la década de 1580 abrieron una academia privada de enseñanza, que muy pronto se convirtió en un centro del arte más progresista. Fue inicialmente denominada Accademia dei Desiderosi [de los deseosos de fama y aprendizaje], pero más adelante cambiaron su nombre por el de Accademia degli Incamminati [de los Progresistas]. En su enseñanza, hacían especial hincapié en el dibujo del natural (los tres fueron destacados dibujantes) y el dibujo se convirtió en una cualidad especialmente característica de la escuela boloñesa, particularmente de Domenichino y Reni, dos de los principales miembros de la siguiente generación, formados con los Carracci. Continuaron trabajando en estrecha colaboración hasta 1595, cuando Annibale, que fue con diferencia el más grande artista de la familia, fue llamado a Roma por el cardenal Odoardo Farnese para llevar a cabo la que sería su obra maestra, la decoración de la Galería Farnese, en el palacio de la familia del cardenal. Decoró primero una pequeña sala llamada «el Camerino» con historias de Hércules, y en 1597 comenzó la bóveda de la gran galería, cuyo tema fue Los amores de los dioses, o, como lo describió Bellori, «el amor humano gobernado por el amor celestial». Aunque la bóveda ofrece una rica interrelación de varios elementos ilusionistas, mantiene fundamentalmente la contención y la claridad figurativa de las decoraciones propias del Alto Renacimiento, inspirándose en la bóveda de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y los frescos de Rafael en las Logias Vaticanas y en la Farnesina. La completa libertad y ambigüedad del ilusionismo barroco habría de formularse en la obra de Cortona y Lanfranco, pero la decoración de Annibale fue una de sus bases. A lo largo de los siglos xvii y xviii, la bóveda de la Galería Farnese fue equiparada con las de la Capilla Sixtina y las Estancias de Rafael, como una de las supremas obras maestras de la pintura. Tuvo una enorme influencia, no sólo como manual de representaciones de figuras heroicas, sino también como modelo de procedimiento técnico; Annibale realizó centenares de dibujos para la bóveda, y hasta la época del Romanticismo se aceptó que tan minucioso trabajo preparatorio era parte fundamental en la composición de un programa pictórico de importancia. En este sentido, Annibale ejerció una influencia mucho mayor que su gran contemporáneo Caravaggio, ya que éste nunca trabajó al fresco, que era aún considerado como la máxima prueba de la habilidad del pintor y el medio más adecuado para la pintura de la Gran Manera. Las restantes obras romanas de Annibale tuvieron asimismo gran significación en la historia de la pintura. Cuadros como Quo vadis, Domine? (h. 1602, NG, Londres) revelan una notable sobriedad en la composición de figuras, y una fuerza y precisión del gesto que tuvieron gran influencia en Poussin y a través de éste, en todo el lenguaje del gesto en pintura. Cultivó la pintura de paisaje en líneas similares, siendo considerado como el padre del paisaje ideal, en que fue seguido por Domenichino (su discípulo favorito), Claudio de Lorena y Poussin. La huida a Egipto (h. 1604, Gal. Doria, Roma) es la obra maestra de Annibale en este género. En los últimos años de su vida, dominado por una profunda melancolía, Annibale dejó prácticamente de pintar desde 1606. Cuando murió, fue enterrado, según sus propios deseos, cerca de Rafael en el Panteón. La dimensión de sus aportaciones puede medirse por la admiración y los elogios que su obra mereció en tan grandes y tan distintos artistas como Bernini, Poussin y Rubens. El arte de Annibale presenta también una vertiente menos formal que se muestra en sus caricaturas (género cuya invención se le ha venido atribuyendo) y en sus tempranas obras de género, que destacan por su vívida observación y libertad de ejecución (La carnicería, Iglesia de Cristo, Oxford). Varias de sus obras pueden contemplarse en el Mus. del Prado, entre ellas Venus, Adonis y Cupido (h. 1595). Agostino ayudó a Annibale en la Galería Farnese desde 1597 a 1600, pero fue sobre todo importante por su labor como maestro y grabador. Sus sistemáticos estudios anatómicos fueron grabados tras su muerte, y utilizados para la enseñanza artística durante los dos siglos siguientes. Pasó los dos últimos años de su vida en Parma, donde realizó su propio «techo Farnese» decorando una bóveda con escenas mitológicas en el Palazzo del Giardino para el duque Ranuccio Farnese. Muestra una versión meticulosa, aunque fría, del vital Clasicismo de su hermano. Ludovico permaneció en Bolonia, salvo breves períodos, y dirigió la academia Carracci tras el traslado a Roma de sus primos. Su obra es irregular y enormemente personal. En su estilo pesan más las consideraciones pictóricas y expresivas que la calma y la estabilidad del clasicismo, y en sus mejores obras hay una cualidad poética y apasionada que indica su preferencia por Tintoretto y Ja-copo Bassano. Su etapa más fructífera se produjo entre 1585-1595, pero ya hacia el final de su vida realizó pinturas tan notables como Cristo crucificado sobre figuras en el Limbo (1614, Santa Francesca Romana, Ferrara), de una fuerza casi expresionista. Los Carracci, con todos los demás pintores boloñeses, cayeron en desgracia en el siglo xix, siendo objeto de una de las fobias favoritas de Ruskin, que les consideraba (1847) carentes «de virtud singular, de color, de dibujo, de carácter, de historia, de pensamiento». Se les colocó la etiqueta de « eclécticos», tachándoles de enfáticos y faltos de originalidad. Su total rehabilitación no se produjo hasta la segunda mitad del siglo xx (fue un notable evento la gran exposición sobre los Carracci celebrada en 1956 en Bolonia); pero en la actualidad, Annibale ha recuperado su lugar como uno de los gigantes de la pintura italiana. El hijo natural de Agostino, Antonio (¿1589?-1618), fue el único descendiente de los tres Carracci. Tuvo una considerable reputación como artista durante su vida, pero, tras su prematura muerte, fue prácticamente olvidado y sólo muy recientemente ha sido reconsiderada su obra.  
 

 

 

 
 
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