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H. Wolfflin ensaya con estos famosos conceptos fundamentales una lúcida interpretación de los puntos esenciales que definen la transición de lo clásico a lo barroco, generalizando las dos grandes corrientes básicas de toda la historia del arte occidental.
Se encuentran divididos en partes que marcan las características principales de ambos estilos y consisten en: 1) "La evolución de lo lineal a lo pictórico", et, decir de la aprehensión de los cuerpos según el carácter táctil a una interpretación de la
mera apariencia óptica. 2) La evolución de lo superficial a lo profundo. El arte clásico ordena su espacio en planos o capas yuxtapuestas. El barroco acentúa la relación entre figuras y fondos. La superposición (V.) y el escorzo (V.), además de otros efectos espaciales, son sus características principales. 3) El paso de la forma cerrada (V.) a la abierta (V.) Forma abierta, como consecuencia del abandono de lo lineal en beneficio de lo pictórico. 4) La evolución de lo múltiple a lo unitario, de las formas tectónicas del conjunto clásico que siguen siendo autónomas no obstante participar del total, a las partes concentradas en un motivo, a la subordinación de los elementos bajo la hegemonía de uno. 5) Como consecuencia, el pasaje de la claridad absoluta de las formas clásicas a la claridad relativa de lo barroco. En el primero, las cosas pueden ser tomadas separadamente y son asequibles al tacto; en el segundo, las cosas se- representan según aparecen a los sentidos, 'vistas en globo', según sus cualidades pictóricas. |
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