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David Jacques-Louis

 
     
  (1748 - 1825). Pintor francés, una de las figuras centrales del Neoclasicismo. Realizó su primer aprendizaje con Boucher, pariente lejano suyo, pero Boucher se dio cuenta de que sus respectivos temperamentos se oponían y, por consejo suyo, David entró en el taller de Vien. Viajó a Italia con este último en 1776, dado que Vien había sido nombrado director de la Academia Francesa de Roma y el propio David había ganado el Prix de Rome con Antíoco y Estratónice (1774, École des Beaux-Arts, París). En Italia, David pudo cultivar su inclinación por las antigüedades y entró en contacto con los iniciadores del resurgimiento clásico, entre los que se cuenta Gavin Hamilton. En 1780 regresó a París, y durante la década siguiente se consolidó como representante de la reacción social y moral contra la frivolidad del Rococó. Su absoluta subordinación del color al dibujo, así como la sobriedad de su lenguaje, que prescinde de todo lo irrelevante, eran totalmente acordes con la nueva severidad en el gusto. Sus temas dan expresión al nuevo culto de las virtudes cívicas más estrictas del autosacrificio estoico, el cumplimiento del deber, la honestidad y la austeridad. Hay pocos cuadros que hayan tipificado con tanta precisión el sentir de una época como El juramento de los Horacios (1784, Louvre, París), Bruto y sus hijos muertos (1789, Louvre) y La muerte de Sócrates (1787, Met. Mus., Nueva York). Fueron muy bien recibidas por la crítica y por el público. Reynolds comparó el Sócrates con el techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y con las Estancias de Rafael, y tras realizar diez visitas al Salon, lo definió como «perfecto en todos los sentidos». David fue un activo simpatizante de la Revolución, llegando a ser diputado, y votó a favor de la ejecución de Luis XVI. Su condición de pintor de la Revolución fue indiscutida. Sus tres composiciones de «mártires de la Revolución», si bien concebidas como retratos, elevaron este género al ámbito de la tragedia universal. Se trata de La muerte de Lepelletier (actualmente conocido sólo en forma de grabado), La muerte de Marat(1793, Mus. Royaux, Bruselas) y La muerte de Bara (Mus. Calvet, Avignon, inacabado). Sin embargo, tras la caída de Robespierre (1794) le encarcelaron, aunque fue puesto en libertad gracias a su esposa, quien se había divorciado de él a causa de sus simpatías revolucionarias (ella era monárquica). Volvieron a contraer matrimonio en 1796 y, al parecer, Las Sabinas (1794-1799, Louvre), composición iniciada en la cárcel, fue pintada en honor de ella, ya que prevalece el tema del amor sobre el del conflicto. No obstante, también fue interpretada en su época como una súplica de conciliación de las disensiones civiles que sufrió Francia tras la Revolución; igualmente fue la obra que trajo la suerte de nuevo a David y llamó la atención de Napoleón, quien le nombró pintor oficial. David se convirtió en un ardiente partidario de Napoleón y volvió a alcanzar durante su gobierno la posición social y artística dominante que ya ocupara anteriormente. Entre 1802 y 1807 pintó una serie de cuadros en los que glorifica las hazañas del emperador, destacando entre ellos la enorme Coronación de Napoleón (1805-1807, Louvre). Estas obras muestran un cambio tanto de técnica como de sensibilidad respecto de las anteriores producciones republicanas. Los colores fríos y la composición severa de las obras heroicas dejaron paso a un gusto nuevo por el boato que muestra ciertas concomitancias con la pintura romántica, si bien David se opuso siempre a la corriente romántica. Tras la caída de Napoleón, se refugió en Bruselas, y su obra se debilitó en la medida en que disminuyó su posibilidad de ejercer un influjo moral y social. (Hasta fecha reciente, sus últimos cuadros históricos generalmente fueron despreciados por la crítica, aunque en la actualidad están volviendo a valorarse por sus cualidades sensuales.) David siguió siendo un retratista sobresaliente, pero nunca llegó a sobrepasar sus anteriores logros, como, por ejemplo, el gran Napoleón cruzando los Alpes (1800, una de las cuatro versiones en el Kunsthistorisches Mus., Viena) o la fríamente erótica Madame Récamier (1800, Louvre). Su obra tuvo un resonante influjo en el desarrollo de la pintura francesa, así como de la europea. Entre sus principales discípulos destacan Gérard, Gros y Ingres.  
 

 

 

 
 
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