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Delacroix Eugéne

 
     
  (1798 - 1863). Pintor francés, el más destacado del movimiento romántico. Era hijo de un político, Charles Delacroix, pero existen pruebas de que su padre auténtico fue el diplomático Talleyrand, amigo de la familia. Su madre, Victoire Oeben, provenía de una familia de notables artesanos y dibujantes. En 1816, Delacroix ingresó en el estudio de Pierre Guérin y fue condiscípulo de Géricault. No obstante, se formó artísticamente copiando a los viejos maestros en el Louvre, donde se deleitaba con Rubens y con la escuela veneciana. Conoció a Bonington en el Louvre, quien le introdujo en la pintura inglesa a la acuarela. La carreta de heno, de Constable, expuesta en el Salon de 1824, le produjo igualmente una honda impresión, y en 1825 pasó algunos meses en Inglaterra, donde nació en él un gran entusiasmo por la pintura inglesa, en concreto por Gainsborough, Lawrence, Etty y Wilkie. Obtuvo su primer éxito en el Salon de 1822 con La barca de Dante (Louvre, París). Esta obra fue comprada por el Estado (probablemente Talleyrand movió algunos hilos entre bastidores), al igual que dos años después La matanza de Quíos (Louvre), lo cual aseguraría el éxito de su carrera. Gros se refirió a este último cuadro como «la matanza de la pintura», si bien Baudelaire escribiría que se trataba de «un himno aterrador a la fatalidad y al sufrimiento irremediable». En 1832, Delacroix viajó a Marruecos con el séquito del conde de Mornay, y en esta ciudad adquirió un bagaje de rica y exótica imaginería visual que explotaría al máximo en su pintura posterior (El sultán de Marruecos, 1845, Mus. de Toulouse). Desde finales de la década de 1830 tanto su estilo como su técnica experimentaron un cambio. En lugar de brillantes luces y fuertes contrastes, empezó a utilizar una técnica personal de vibrantes tonos adyacentes y efectos de color divisionistas, procedimiento en el que Watteau había sido maestro, logrando la incorporación del color a la esiructura del cuadro en un planteamiento inédito hasta entonces. A pesar de ser aclamado como adalid del movimiento romántico, de su predilección por lo exótico y los temas cargados de emoción, y de su abierta enemistad con Ingres, Delacroix se consideró siempre seguidor de la tradición clásica, manteniendo en la ejecución de sus grandes obras, el procedimiento tradicional de realizar numerosos dibujos preparatorios. En una fase posterior de su carrera, llegó a ser uno de los pintores de murales monumentales más distinguidos de la historia del arte francés. Entre sus encargos públicos se incluyen: decoraciones para la Cámara de los Diputados, o Palais Bourbon (Salon du Roi, 1833-1837; biblioteca, 18381847); en la biblioteca del palacio de Luxemburgo (18411846), y tres pinturas de la Chapelle des Anges de San Sulpicio (1853-1861). De estas últimas, Jacob y el Ángel y Heliodoro expulsado del Templo se hallan entre las expresiones más maduras de la riqueza decorativa de su cromatismo y su grandiosa integración estructural. Baudelaire dijo de él que era el único artista que «en nuestra generación incrédula concibió cuadros religiosos», y Van Gogh, por su parte, escribió: «Sólo Rembrandt y Delacroix podían pintar el rostro de Cristo». La producción de Delacroix es enorme. Tras su muerte, sus albaceas encontraron más de nueve mil óleos, pasteles y dibujos en su estudio. Él mismo se enorgullecía de la velocidad a la que trabajaba, llegando a declarar: «Quien no posea la suficiente habilidad para hacer un apunte de un hombre que cae de una ventana en los escasos minutos que dura su caída desde el quinto piso hasta el suelo, nunca será capaz de producir una obra monumental». Además de ser uno de los grandes pintores, destacó asimismo como uno de los mejores escritores de arte. Fue un prolijo epistológrafo y escribió un diario desde 1822 hasta 1824, y desde 1847 hasta su muerte; es una fuente de información y de opinión sobre su vida y época de extraordinaria riqueza. Delacroix ejerció un poderoso influjo, especialmente en lo que respecta al uso del color, inspirando a Renoir, Seurat y Van Gogh entre otros. El estudio de Delacroix en París es en la actualidad un museo dedicado a su vida y obra, aunque el Louvre posee la mejor colección de sus pinturas.  
 

 

 

 
 
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