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Método de pintura mural que consiste en la aplicación de pigmentos de polvo fino disueltos en agua sobre un enlucido húmedo y reciente, es decir, fresco. Los colores penetran en la superficie, formando parte integrante de la pared. Esta técnica recibe también el nombre de buon fresco o fresco buono (fresco auténtico) para distinguirla de la pintura sobre enlucido seco, que, por analogía, se denomina fresco secco o simplemente secco. El buon fresco es extraordinariamente duradero en climas secos, pero si la humedad penetra en la pared, el enlucido puede resquebrajarse y, por tanto, la pintura. Por ello, esta técnica se ha practicado primordialmente en países secos, concretamente en Italia (aunque no en Venecia) y raras veces en el norte de Europa. Es una técnica muy antigua, y se remonta a los tiempos de los griegos, empleándose también fuera de Europa, por ejemplo en China y la India. Giotto fue el primer gran maestro de la pintura al fresco, y desde entonces muchos de los principales maestros italianos realizaron obras en este medio. Fue una técnica menos corriente en el siglo xvm, siendo Giambattista Tiepolo el último de los grandes pintores italianos que la utilizó. Resurgió en el siglo xix, especialmente de la mano de pintores alemanes, como, por ejemplo, los Nazarenos y Cornelius, aunque algunos destacados decoradores, tales como Delacroix y Puvis de Chavannes, prefirieron utilizar el marouflage. En el siglo xx, los máximos exponentes de la pintura al fresco han sido los muralistas mexicanos Orozco, Rivera y Siqueiros. |
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