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Giorgione

 
     
  (Giorgio Barbarelli o Giorgio del Castelfranco) (1476/78-1510). Pintor veneciano. No se conoce casi nada de su vida, y sólo se le pueden atribuir con seguridad unas cuantas obras; no obstante, Giorgione ocupa un lugar trascendental en la historia del arte. En torno a él se formó una leyenda poco después de su temprana muerte (probablemente afectado por la peste) y, a lo largo de los siglos, Giorgione ha seguido despertando una curiosidad inusual. La extraordinaria discrepancia entre su enorme fama y su reducida producción se explica por el hecho de que Giorgione inició una nueva concepción de la pintura. Fue uno de los primeros artistas que se especializó en cuadros de gabinete para coleccionistas privados y no en obras para comitentes públicos o eclesiásticos, y fue asimismo el primer pintor que subordinó el tema a la evocación de un estado anímico; resulta claro que sus contemporáneos no supieron en oca siones qué representaban sus cuadros. Vasari, afirmó que le iba muy bien su apodo -que significa «el gran Jorge»- «a causa de su aspecto físico y su talla moral e intelectual», y lo consideró, junto con Leonardo da Vinci, uno de los fundadores de la pintura «moderna». Giorgione nació en Castelfranco, ciudad situada a unos 30 km al noroeste de Venecia, y probablemente realizó su aprendizaje con Giovanni Bellini (aunque también se ha sugerido que Carpaccio puso ser su maestro). Tuvo dos importantes encargos públicos en Venecia: entre 1507 y 1508 pintó un lienzo (actualmente perdido) para el salón de audiencias del palacio del Dux, y en 1508 colaboró con Tiziano en los frescos del exterior del Fondaco dei Tedeschi, conocidos en la actualidad sólo a través de grabados y fragmentos deteriorados. Aparte de esto, la única documentación contemporánea sobre las obras que se han conservado es una inscripción que hay en el dorso de un retrato femenino conocido como Laura (Kunsthistorisches Mus., Viena), en la que se afirma que fue pintado por «el maestro Zorzi da Castelfranco» en 1506; en dicha inscripción puede leerse también que Giorgione fue socio de Vincenzo Catena, «asociación» sobre la que no se conoce nada más. El documento principal para reconstruir la obra de Giorgione es el cuaderno de apuntes del coleccionista y estudioso veneciano Marcantonio Michiel, escrito entre 1525 y 1543. Michiel, fuente de información escrupulosa y fiable, menciona gran cantidad de cuadros salidos de la mano de Giorgione, cuatro de los cuales se pueden identificar con obras existentes: La tempestad (Accademia, Venecia), Los tres filósofos (Kunsthistorisches Mus.), La Venus dormida (Gemí.ldegal., Dresde) y Cristo portando la Cruz (San Rocco, Venecia) (del que se hace una referencia menos explícita). También afirma que Los tres filósofos fue terminado por Sebastiano del Piombo y La Venus dormida por Tiziano. Así pues, los problemas de atribución se complican por el hecho de que Giorgione dejó obras incompletas que fueron terminadas por otros artistas. En la primera edición de su Vidas (1550), Vasari atribuye a Giorgione el cuadro de San Rocco, pero en la segunda edición (1568) se la adjudica en un lugar a Giorgione y en otro a Tiziano, aun cuando «mucha gente crea que es de Giorgione». Por lo tanto, distinguir entre la obra de Giorgione y la del joven Tiziano continúa siendo uno de los problemas más espinosos que se plantea la crítica, siendo la autoría del Concierto campestre (Louvre) una de las cuestiones más discutidas. Entre las otras pinturas atribuidas a Giorgione se incluyen la Virgen de Castelfranco, de la catedral de su ciudad natal (mencionada por primera vez por Ridolfi en 1648 y aceptada por casi todos los críticos), y varios retratos masculinos, entre ellos un autorretrato que se halla en el Mus. HerzogAnton-Ulrich de Brunswick (probablemente se trata de una copia). Se dice que Giorgione era muy apuesto y enamoradizo, y que inició un tipo de retrato romántico y ensoñador que se hizo inmensamente popular en Venecia. El poderoso influjo ejercido por su obra en la generación posterior a su muerte (incluso el venerable Bellini sucumbió a él) es uno de los principales factores que dificultan la elaboración de un catálogo de sus obras, pues hay multitud de cuadros de su época, especialmente paisajes pastoriles, que se pueden calificar de giorgionescos; muchos de ellos son, además, de una gran calidad. Los problemas de iconografía que plantean los cuadros de Giorgione ofrecen en ocasiones idéntica dificultad que los de la atribución. El caso más famoso es el de La tempestad Michiel lo vio en 1530 y lo describió como un «pequeño paisaje con tempestad, una gitana y un soldado»; es evidente, pues, que no supo qué tema representaba, si es que representa alguno. Gracias a los rayos X se ha podido demostrar que Giorgione realizó cambios radicales en los personajes, lo cual hace pensar que, más que ilustrar un tema concreto, prefirió dejarse llevar por su imaginación, si bien se han hecho ingeniosos esfuerzos por desvelar el tema. En efecto, este desarrollo del «paisaje anímico» fue su gran contribución a la historia del arte, una innovación de gran originalidad y trascendencia. Además de los artistas ya mencionados, Palma Vecchio, Savoldo y Dosso Dossi figuran entre los contemporáneos más sobresalientes que sintieron la influencia de Giorgione, siendo Watteau el heredero más perceptivo entre los artistas posteriores.  
 

 

 

 
 
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