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Giotto di Bondone

 
     
  (h. 12671337). Pintor y arquitecto florentino. Se le considera fundador de la tradición más importante de la pintura occidental por su ruptura con las estilizaciones del arte bizantino, introduciendo nuevos ideales naturalistas y planteando la creación de una sensación convincente de espacio pictórico. Ya sus propios contemporáneos se dieron cuenta de la trascendencia de sus logros (Dante lo elogia en un famoso pasaje de La Divina Comedia, en el que afirma que superó a su maestro Cimabue), y hacia 1400 Cennino Cennini escribió: «Giotto tradujo el arte de pintar del griego al latín». A pesar de su fama y de la gran cantidad de encargos que recibió, no se conservan composiciones suyas documentadas. En efecto, su obra plantea importantes problemas de atribución, si bien se admite de forma unánime que el ciclo de frescos de la capilla de la Arena de Padua es de Giotto, lo cual sirve de punto de partida para la consideración de su obra. La capilla de la Arena (así denominada porque se halla situada en un antiguo anfiteatro romano) fue construida por Enrico Scrovegni para expiar los pecados de su padre, un famoso usurero mencionado por Dante. Se iniciaron las obras en 1303, y los frescos de Giotto se suelen fechar entre 1305 y 1306 aproximadamente. Rodean todo el interior del edificio; en la pared occidental se representa el Juicio Finai hay una Anunciación sobre el arco triunfal, y en los muros laterales se desarrollan tres registros principales con escenas que representan episodios de la vida de la Virgen y de sus padres, Santa Ana y San Joaquín, así como algunos momentos de la Pasión de Cristo y en la parte inferior, figuras que personifican las virtudes y los vicios, pintadas a modo de relieves en piedra, un ejemplo primitivo de grisallas. Los personajes de las principales escenas son de un tamaño aproximado a la mitad del tamaño natural; pero en las reproducciones suelen parecer mayores como consecuencia de la grandiosa y poderosa concepción de Giotto. Dan una impresión nueva de tridimensionalidad y de presencia física; al describir los hechos sagrados, Giotto transmite una sensación de peso moral más que de esplendor divino. Parece basar sus representaciones en experiencias personales, y ningún artista ha superado su habilidad para ir directamente al meollo de una historia y expresar su esencia con gestos y expresiones tan convincentes. El otro ciclo importante de frescos relacionado con el nombre de Giotto es el de la vida de San Francisco, en la iglesia superior de San Francisco de Asís. Saber si fue Giotto o no quien pintó realmente estos frescos no sólo es un difícil problema con el que tienen que enfrentarse los estudiosos de su obra; es también una de las cuestiones más controvertidas de la historia del arte. Está prácticamente fuera de toda duda que Giotto trabajó durante algún tiempo en Asís, y, por otro lado, los frescos son claramente fruto de un artista de gran talla (la caracterización interiorizada y humanizada del santo conformó decisivamente la imagen que se formó la posteridad sobre él). Sin embargo, las diferencias estilísticas entre estas obras y los frescos de la capilla de la Arena son tan pronunciadas que, en opinión de gran parte de los críticos, no se puede aceptar la tesis de un autor común. Los intentos de atribuir también a Giotto otros frescos de Asís han originado polémicas similares (véase MAESTRO DEL CICLO DE SAN FRANCISCO y MAES
TRO DE SANTA CECILIA). Por lo que se refiere a los frescos relacionados con Giotto en la Santa Croce de Florencia, hay un acuerdo casi general. Probablemente, Giotto pintó en cuatro capillas de dicha iglesia; se conservan algunas obras en las capillas Bardi y Peruzzi, que casi con seguridad datan de la década de 1320. Los frescos ofrecen un estado muy desigual (fueron blanqueados en el siglo xvul), aunque algunos de los que se hallan en la capilla Bardi sobre la vida de San Francisco son realmente impresionantes. Por otra parte, no se conserva nada de la obra que Giotto realizó para Roberto de Anjou en Nápoles, y el enorme mosaico de la nave de la iglesia (la navicella) que ejecutó para la antigua basílica de San Pedro de Roma ha sufrido tantas alteraciones que no nos dice nada acerca de su estilo. En Roma, Giotto debió ver la obra de Pietro Cavallini, que ejerció un influjo tan importante sobre él como el de su maestro Cimabue. En varias tablas aparece la firma de Giotto, especialmente en el retablo Stefaneschi (Vaticano), ejecutado para el cardenal Stefaneschi, que también encargó la navicelia, aunque hay unanimidad en admitir que la firma es una marca que muestra que las obras provenían del taller de Giotto, más que una indicación de su exclusiva y personal ejecución. Por otro lado, la Madonna de Ognisanti (h. 1305-1310, Uffizi, Florencia) no está ni firmada ni documentada con seguridad, si bien es una obra de tal grandiosidad y humanidad que se le ha atribuido a Giotto de manera unánime. Entre las otras tablas que se consideran de Giotto, la mejor es el crucifijo de Santa María Novella, en Florencia. Como consecuencia de su gran fama como pintor, Giotto fue nombrado arquitecto de la catedral de Florencia en 1334; comenzó el célebre campanile, pero su proyecto se vio alterado tras su muerte. Giotto influyó abrumadoramente en la pintura florentina de la generación posterior a su muerte, influencia que decayó con el desarrollo del Gótico Internacional, aunque su obra sirvió de inspiración posteriormente a Masaccio, e incluso a Miguel Ángel. Estos dos gigantes fueron sus auténticos herederos espirituales.
 
 

 

 

 
 
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