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Goya Francisco de

 
     
  (1746 - 1828). Pintor y artista gráfico español. Fue el artista europeo más capacitado y original de su época, aunque su genio tardó en madurar, y hasta bien rebasados los treinta años no empezó a realizar las obras que le distinguen de sus contemporáneos. Nació en Fuendetodos (Zaragoza), y su padre era dorador. Realizó su aprendizaje en Zaragoza, y posteriormente parece ser que trabajó en Madrid para el pintor de corte Francisco Bayeu. Hacia 1770 viajó a Italia, pero regresó a Zaragoza un año después. En 1773 se casó con la hermana de Bayeu, estableciéndose en Madrid en 1775. Bayeu le proporcionó un empleo para hacer cartones en la Real Fábrica de Tapices, actividad a la que dedicó la mayor parte de su tiempo desde 1775 hasta 1772. Realizó sesenta y tres cartones (Prado, Madrid), los mayores de más de seis metros de ancho. En cuanto a los temas, abarcan desde escenas idílicas hasta acontecimientos realistas de la vida cotidiana, concebidos todos en un espíritu alegre y romántico y ejecutados con gran encanto decorativo cercano al Rococó. Durante esos años, Goya encontró tiempo igualmente para ejecutar retratos y obras religiosas que le proporcionaron ascenso social. Fue elegido miembro de la Academia de San Fernando en 1780 y llegó a ocupar el cargo de director auxiliar de pintura en 1785. En 1789 fue nombrado pintor de corte del nuevo rey, Carlos IV (1748-1819). En su carrera, no obstante, un hito más importante que los nombramientos mencionados iba a ser la misteriosa y traumática enfermedad que contrajo en 1792. Como consecuencia de ese padecimiento, quedó sordo, y durante su convalecencia en 1793 pintó una serie de pequeños cuadros de «fantasía e invención» con objeto, según propia afirmación, de «ocupar la imaginación mortificada en la contemplación de mis males». Esta fase marcó el principio de su preocupación por lo mórbido, lo extraño y lo amenazante, que constituyeron uno de los rasgos característicos de su obra de madurez. Goya dio expresión muy viva a estos aspectos en la primera de sus grandes series de grabados: Los Caprichos, publicados en 1799. Es un conjunto (ejecutado hacia 1793-1798) compuesto de ochenta y dos planchas al aguafuerte reforzadas con aguatinta, en el que el humor se ve constantemente amenazado por la pesadilla. Lanza en ellos duros ataques satíricos contra las costumbres y abusos de la Iglesia, con elementos macabros en escenas de brujería y satanismo; desde el punto de vista técnico, revelan la influencia de Rembrandt. En 1795, Goya sucedió a Bayeu en el cargo de director de pintura de la Academia de San Fernando y en 1799 fue nombrado primer pintor de cámara, realizando entonces su más famoso retrato colectivo, La familia de Carlos IV (1800, Prado). En él se ponen de manifiesto con despiadado realismo las debilidades de la familia real, aunque, aparentemente, sin deliberada intención satírica. En sus primeros retratos, Goya siguió el estilo de Mengs; pero, estimulado por el estudio de los cuadros de Velázquez pertenecientes a la colección real, desarrolló un estilo mucho más natural, vivo y personal, en el que se aprecia un dominio creciente de la composición y la expresión, realzadas por dramáticos contrastes de luces y sombras. Aproximadamente de la misma fecha del retrato real son los dos célebres lienzos de La maja vestida y La maja desnuda (Prado), cuya naturaleza erótica obligó a Goya a comparecer ante un tribunal de la Inquisición. Según la leyenda popular, estos cuadros representan a la duquesa de Alba, la bella viuda cuya relación con Goya causó escándalo en Madrid. Goya conservó su cargo de pintor de cámara bajo el gobierno de José Bonaparte durante la ocupación francesa (1808-1814), si bien decreció su actividad como pintor de corte; las circunstancias de esta etapa generaron en él una gran contradicción interior, pues como liberal, dio la bienvenida al nuevo régimen, pero como patriota mostró un total rechazo al gobierno militar extranjero. En 1814, tras la restauración de Fernando VII, Goya quedó exculpado de la acusación de haber «aceptado empleo de parte del usurpador» al declarar que no había llevado la medalla que le concedieran los franceses, y en esa época pintó para el rey las dos famosas escenas del sangriento levantamiento de los madrileños contra las fuerzas opresoras: El dos de mayo de 1808 y El tres de mayo de 1808 (Prado). Igualmente dramáticos, e incluso más salvajes y macabros aún, son los sesenta y cinco aguafuertes de Los desastres de la guerra, ejecutados entre 1810 y 1814. Estas tremendas escenas reflejan las atrocidades cometidas tanto por los franceses como por los españoles. Goya se retiró prácticamente de la vida pública después de 1815 y trabajó a partir de entonces para sí mismo y para sus amigos. Conservó el título de pintor de cámara, pero se vio sustituido en el favor real por Vicente López. Hacia finales de 1819 se sintió seriamente enfermo por segunda vez (en un notable autorretrato, que se encuentra actualmente en el Minneapolis Institute of Arts, aparece junto al doctor que le está tratando). Acababa de comprarse entonces una finca en las afueras de Madrid, la Quinta del Sordo, y allí ejecutó, después de su recuperación en 1820, los catorce grandes murales conocidos como Pinturas negras, actualmente en el Prado. Están pintados casi por completo en tonos negros, grises y marrones y representan escalofriantes escenas, tales como Saturno devorando a sus hijos, realizadas con una intensidad y libertad de ejecución casi feroces. En 1824, Goya consiguió permiso de Fernando VII para abandonar el país por razones de salud y se estableció en Burdeos. Realizó dos breves visitas a España, y en la primera de ellas renunció oficialmente al cargo de pintor de cámara (1826). En estos últimos años experimentó con el nuevo procedimiento de la litografía (en su serie Los toros de Burdeos); mientras tanto su pintura, por ejemplo el retrato de J. B. Muguiro (1827, Prado), refleja su progreso hacia un estilo que preludia el de los impresionistas. Goya realizó unos quinientos óleos y murales, cerca de trescientos aguafuertes y litografías y centenares de dibujos. Fue excepcionalmente versátil, y su obra expresa una amplia diversidad de emociones. Su libertad y originalidad técnicas son igualmente dignas de mención: sus frescos de San Antonio de la Florida (1798), por ejemplo, están ejecutados, al parecer, con esponjas. Ya en su época fue célebre por sus retratos; llegó a pintar más de doscientos, aunque su fama ha crecido notablemente desde entonces gracias a Los desastres de la guerra, las Pinturas negras y otras obras que no salieron a la luz pública hasta muchos años después de su muerte.  
 

 

 

 
 
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