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La Física dice que la iluminación es una cantidad de claridad que puede variar de manera continua, dependiendo de la potencia o intensidad con que la energía radiante ondulatoria o de cualquier otra fuente de luz alcance a los objetos y en consecuencia al ojo. La iluminación tiene los siguientes atributos: intensidad de luz, color de luz, deslumbramiento, dirección de la iluminación, resplandor diurno y sombra. Por lo tanto existe iluminación siempre que un objeto reciba luz, pues de lo contrario, en medio de la oscuridad, permanecería invisible. Desde el punto de vista del arte, la iluminación no se deduce de una fuente luminosa presente, pues aun existiendo la fuente luminosa, puede no percibirse la iluminación, ya que un objeto regularmente iluminado río indica la fuente de luz y su claridad puede parecer inherente al mismo. Pero sin fuente luminosa visible puede percibirse iluminación; esto ocurre cuando en la observación de un objeto se perciben sus zonas de claridad y oscuridad como capas transparentes que lo envuelven y permiten la percepción de una doble gama de claridad y color, una inferior que pertenece al objeto y una superior que constituye la iluminación. En este caso lo que cuenta es la división visual que puede observarse en la imagen misma, ya que la observación de un objeto en su variable de color y valor, de la luz a la sombra, da
como resultado una visión compleja del mismo, resultando entonces más simple provocar la división entre color propio (V.) del objeto y claridad de iluminación como capa que lo envuelve. |
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