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Miguel Ángel

 
     
  (Michelangelo Buonarroti) (1475-1564). Escultor, pintor, arquitecto, dibujante y poeta florentino, una de las mayores figuras del arte del Renacimiento y, en sus últimos años, una de las fuerzas que dieron forma al Manierismo. Su padre, miembro de la alta burguesía, pretendía ser de linaje noble, y durante toda su vida Miguel Ángel mantuvo ciertas suspicacias al respecto; el orgullo de su nacimiento también tuvo mucho que ver con la oposición familiar a su aprendizaje como pintor, así como con la insistencia de Miguel Ángel, a lo largo de su vida, en considerar artes liberales a la pintura y la escultura. En 1488 entró de aprendiz para un período de tres años en el taller de Domenico Ghirlandaio, y allí debió aprender los rudimentos de la técnica del fresco. Sin embargo, no pudo aprender mucho más, ya que al parecer fue trasladado en seguida a la escuela establecida en los jardines Medici regida por Bertoldo di Giovanni. Más importante, sin embargo que la influencia de ambos maestros, fue lo que aprendió de los dibujos que hizo sobre figuras de los frescos de Giotto y Masaccio. Tras la muerte de su mecenas, Lorenzo de Medici en 1492, la situación política de Florencia se deterioró, y en octubre de 1494, Miguel Ángel se marchó a Bolonia, donde esculpió tres figuritas para la tumba de Santo Domingo (véase NICCOLÓ DELL'ARCA). El 25 de junio de 1496 estaba en Roma, donde permaneció durante los cinco años siguientes y donde esculpió dos estatuas que consolidaron su prestigio: el Baco (h. 1496-1497, Bargello, Florencia) y la Pietá (1498-1499, San Pedro, Roma). Esta última es la obra maestra de sus primeros años: una solución trágicamente expresiva y sin embargo hermosa y armoniosa, del problema de la representación de un hombre maduro yaciendo muerto en el regazo de una mujer; no hay señales de sufrimiento -como era común en las representaciones nórdicas de la época- y la escultura tiene una belleza y un acabado perfecto que demuestran su absoluta maestría técnica. Con sólo veintitantos años, Miguel Ángel volvió a Florencia en 1501 para consolidar la reputación que se había labrado en Roma. Permaneció allí hasta la primavera de 1505, y su obra más importante del período es el David(1501-1504, Accademia, Florencia), que se ha convertido en el símbolo de esa ciudad y del arte florentino. Poco después de acabar el David en abril de 1504, Miguel Ángel recibió el encargo de la Signoria de Florencia de pintar un enorme mural de la Batalla de Cascina para la nueva Cámara del Consejo en el Palazzo Vecchio; allí trabajó rivalizando con Leonardo, que fue contratado para La Batalla de Anghiari para la misma sala. Ninguna de las dos composiciones fue acabada, pero Miguel Ángel empezó a trabajar en el cartón a tamaño natural en el invierno de 1504, y el fragmento conocido como «Los bañistas» fue, mientras existió, un modelo para todos los jóvenes artistas de Florencia -incluido Rafael- y una de las causas principales de la preocupación manierista por la figura humana en movimiento. Hoy se conoce por una copia (col. del conde de Leicester) y un grabado, así como por algunos dibujos preliminares del mismo Miguel Ángel (p. ej. en el BM, Londres). Miguel Ángel dejó sin acabar el cuadro de la batalla cuando el papa Julio II le mandó llamar a Roma en 1505 para que hiciera su sepulcro. El papa murió en 1513, pero el proyecto de su realización se mantuvo hasta 1545 y fue adecuadamente descrito por Condivi como «la Tragedia de la Tumba». Originariamente fue concebido con enorme grandiosidad, pero fue recortado por varios contratos sucesivos con los herederos de Julio II, y, finalmente, del monumento levantado en San Pietro in Vincoli en 1545, sólo el famoso Moisés (h. 1515) se debe a la mano de Miguel Ángel. (Dos figuras de Esclavos, h. 1513, esculpidas por Miguel Ángel para la tumba, están hoy en el Louvre.) La otra gran obra encargada a Miguel Ángel por Julio II -los frescos del techo de la Capilla Sixtina- resultó igualmente conflictiva, aunque alcanzó sublime conclusión. El contrato fue firmado el 10 de mayo de 1508 y el techo acabado fue descubierto el 31 de octubre de 1512. Miguel Ángel, que siempre se consideró a sí mismo ante todo y sobre todo un escultor, era reacio a emprender la obra, pero hizo de ella su logro más heroico, no sólo por su calidad como obra de arte, sino también por la resistencia y fortaleza que demostró al acabar, en tan poco tiempo y casi sin ayuda, una tarea tan enorme y físicamente tan incómoda. Aún se discute mucho sobre la exacta interpretación del conjunto de figuras que adornan el techo, pero la serie de escenas centrales representan episodios del Génesis, desde la Creación hasta la embriaguez de Noé, como fondo de los frescos sobre la vida de Moisés y de Cristo en los muros inferiores, obra de un grupo de artistas del siglo xv. Los profetas y sibilas que predijeron el nacimiento de Cristo están a ambos lados del techo, y en las esquinas de las escenas centrales hay figuras de hermosos jóvenes desnudos (normalmente llamados Ignudi) cuyo significado exacto no se conoce. Se ha pensado que representan el ideal neoplatónico de la humanidad, y como escribió Kenneth Clark, «su belleza física es una imagen de la perfección divina; sus movimientos atentos y vigorosos, una expresión de la energía divina». Desde el momento de su conclusión, el techo siempre se ha considerado una de las supremas obras maestras del arte pictórico (la reciente limpieza ha revelado de nuevo la belleza del colorido), y Miguel Ángel fue reconocido, a la edad de treinta y siete años, como el mayor artista de su época, posición que mantuvo sin desafíos hasta su muerte. En diciembre de 1516, el nuevo papa León X (Giovanni de'Medici) le encargó el diseño de la fachada de la iglesia parroquial Medicea de San Lorenzo en Florencia, que Brunelleschi había dejado inacabada. El proyecto quedó en nada a pesar del tiempo que Miguel Ángel le dedicó, pero condujo a dos obras más para San Lorenzo: la capilla Medici, o Sacristía Nueva, planificada en correspondencia con la Antigua Sacristía de Brunelleschi, y la Biblioteca Laurenziana. Ambas quedaron sin acabar, pero están entre las mejores creacio,nes de Miguel Ángel. La capilla Medici fue planeada desde noviembre de 1520 como capilla funeraria de la familia, y había de encerrar los monumentos de cuatro de sus miembros; pero fue abandonada cuando los Medici volvieron a ser expulsados de Florencia en 1527, reanudada en 1530 y finalmente inconclusa en 1534 cuando Miguel Ángel se estableció definitivamente en Roma. Se planteó como una unión de arquitectura y escultura (como la proyectada fachada de San Lorenzo), con la vista desde el altar conduciendo al clímax de toda la composición en las figuras de La Virgen y el Niño (inacabadas) y con las vidas activa y contemplativa simbolizadas por las figuras de Giuliano y Lorenzo de Medici en las tumbas de los muros. Las figuras de los Medici están situadas sobre las figuras reclinadas que representan el Día y la Noche (para la vida activa) y el Amanecer y el Atardecer (para la vida contemplativa). En los treinta años que todavía viviría en Roma, Miguel Ángel trabajó principalmente para el papado. Se le encargó de inmediato El Juicio Final para la Capilla Sixtina, y empezó la pintura en 1536. Fue inaugurada el 31 de octubre de 1541, el mismo día en que veintinueve años antes se inaugurara el techo de la Capilla, pero hay entre ambas una inmensa distancia en cuanto a sentimiento y significado, con sus figuras macizas y amenazadoras y su tono de desolación airada. En el intervalo, el mundo de la juventud de Miguel Ángel se había esfumado en el horror del Saco de Roma (1527), y su confiado humanismo había resultado insuficiente frente al auge del protestantismo y el nuevo espíritu militante de la Contrarreforma. Para Pablo III (Alessandro Farnese), que encargó el apocalíptico Juicio Final, ejecutó también Miguel Ángel sus últimas obras pictóricas, los frescos de La conversión de San Pablo y La Crucifixión de San Pedro (1542-1550), en la capilla Paolina del Vaticano. Las figuras, allí, son aún más toscas, pesadas y despreocupadas de la apariencia física, repudiando totalmente sus propios ideales anteriores. La misma espiritualidad profunda y turbada se ve en sus últimos dibujos de la Crucifixión y dos esculturas de la Pietá; una (hoy en la catedral de Florencia) estaba ideada para su propia tumba, y contiene un autorretrato en figura de Nicodemo; fue empezada h. 1546 y mutilada y abandonada por Miguel Ángel en 1555. La otra (Castello Sforza, Milán) fue su última obra, inacabada a su muerte. Sin embargo, durante los treinta últimos años de su vida, Miguel Ángel dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a la arquitectura, y en ese campo su dimensión es tan grande como en la pintura o la escultura. Su encargo más importante -y desde luego el máximo de toda la cristiandad- fue acabar San Pedro, que había sido iniciado bajo Julio II en 1506. Cuando Miguel Ángel se hizo cargo de la dirección de la obra en 1546, la construcción había avanzado bastante poco desde la muerte de Bramante en 1514. Al igual que en el techo de la Sixtina, al principio no deseaba emprender la tarea, pero luego avanzó con formidable energía y en el momento de su muerte la obra había adelantado tanto que el tambor de la cúpula estaba prácticamente acabado. Miguel Ángel también diseñó la cúpula, pero fue ejecutada después de su muerte y probablemente su perfil es mucho más apuntado de lo que él pretendía. La adición de una larga nave a principios del siglo xvii alteró el plan de Miguel Ángel de una iglesia centralizada, pero de todas formas el exterior del edificio responde fundamentalmente a su proyecto, y constituye una conclusión muy adecuada a su titánica carrera. El vocabulario decorativo de la arquitectura de Miguel Ángel enseguida se difundió. Sin embargo, no fue hasta el siglo xvii cuando sus formas grandiosas y dinámicas se apreciaron y se emularon; es significativo que Bernini, el gran escultor-arquitecto de la época, completara San Pedro con su gloriosa piazza, y Francesco Borromini, el más brillante délos arquitectos barrocos, fue un discípulo confeso de Miguel Ángel. En pintura y escultura, el medio de expresión de Miguel Ángel se limitó a la figura heroica masculina, normalmente desnuda, pero en este ámbito alcanzó cotas supremas y ejerció un dominio que ningún artista ha igualado. El respeto que sus contemporáneos le tenían no ha disminuido en los siglos transcurridos y su influencia, para bien o para mal, ha sido enorme. dígio; tan r¿abaládór come ró'-tado por la naturaleza, a los once años fue el alumno más joven que jamás tuvieron las Royal Academy Schools y, aunque sufrió contratiempos esporádicos, a sus veintitantos años su carrera constituía ya uno de los grandes éxitos de la época victoriana. En 1848, con Rossetti y Holman Hunt, fundó la Hermandad Prerrafaelista y fue objeto de los insultos lanzados contra sus miembros hasta que Ruskin apareció como su valedor. (Millais se casó en 1854 con Effie Gray, anterior mujer de John Ruskin.) En la década de 1850, el estilo de Millais cambió, alejándose de la manera prerrafaelista de colorido brillante y detallismo minucioso hacia una ejecución más amplia y fluida. Sus temas también cambiaron, pasando de los contenidos serios y moralmente elevados a escenas que tenían el favor del público, que exigía sentimientos e historias gratos (La infancia de Raleigh, 1870, Tate, Londres). Se hizo enormemente popular, no sólo con cuadros de este tipo, sino también como retratista e ilustrador de libros. Millais vivió muy desahogadamente de su dilatada producción; en 1885 fue el primer artista honrado con un título de barón, y el año de su miaiifts;'1ei~1r11ar' LW½'7. ' Pintor español, nacido en Las Palmas. Autodidacto, parte de un estilo figurativo hasta alcanzar una corriente surrealista. Sus Pictografías de las islas Canarias revelan la importancia de Miró como influencia formativa de las primeras etapas de su carrera artística. En 1950 funda la asociación Planas de Poesía y se convierte en editor de las series monográficas de arte «Arqueros». Durante la década de los cincuenta, su estilo cambia en la dirección del Art Informel y, en 1956, es uno de los organizadores del Salón de Arte Abstracto de Valencia. En 1957 se convierte en uno de los miembros fundadores del grupo abstracto El Paso. Su estilo posee cierta afinidad con el Arte Povera y combina el collage con trazos informales de gran inspiración. En 1969, inicia una serie titulada Antropofaunas, en la que utiliza trapos pintados de rojo y tejidos ásperos con dibujos de hilos, manchas de pintura de efecto dramático y amplias pero organizadas formas garabateadas.  
 

 

 

 
 
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