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Denominación genérica aplicada a pinturas muy pequeñas, y modernamente en especial al retrato, por lo común utilizado como pieza de joyería. Originariamente, el término hacía referencia a iluminaciones de manuscritos, derivado del latín minium, pigmento rojo utilizado para realzar las mayúsculas, decoradas por el miniator. Desde el siglo xvii, el término se ha aplicado a todo tipo de ilustración de manuscritos, a causa de una etimología equivocada: se relacionó la palabra con «diminuto». Lo que hoy llamamos «miniaturas» se llamaba en la Edad Media «historia», y los retratos pintados por Hilliard y otros eran «cuadros en pequeño» en la época isabelina. Se pintaban en vitela (véase PERGAMINO), u ocasionalmente en marfil o cartón, y en los siglos xvii y xviii estuvieron de moda las miniaturas hechas con técnica de esmalte. El retrato en miniatura se desarrolló a partir de la fusión de las tradiciones de la iluminación medieval y la medalla renacentista, y floreció de principios del siglo xvi a mediados del xix, momento en que la fotografía acabó prácticamente con este arte. |
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