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Es una relación espacial de carácter abstracto, a través de la cual se percibe la sugerencia de profundidad sin quebrar el planismo de la imagen. En realidad consiste en verticalizar el plano horizontal de tierra, con lo cual las figuras u objetos que se encontraban en último término pasan a estar ubicados en la parte alta del cuadro; con esto se provoca espacio evitando la aplicación de una marcada profundidad. En este caso, el plano de tierra como observado desde lo alto se coordina con figuras que son observadas frontalmente; esta dualidad provoca abstracción. Las figuras colocadas en la parte baja del cuadro indican el primer término o nivel (V.) y las colocadas en la parte alta el último término. La distribución de color se realiza teniendo en cuenta la posibilidad de no perturbar el planismo de la imagen. Puede coordinarse con gradación de tamaño, si se desea acentuar el espacio, aunque no es indispensable. Se lo puede encontrar en el arte primitivo, oriental, bizantino y moderno (fig. 58). |
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