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Todo objeto sea bi o tridimensional es percibido en cuanto se proyecta sobre la retina. Según la posición que ocupen el objeto y el espectador, la retina recibe una proyección con estructura propia, clara y diferenciada, o lo que es una proyección de índole tal, que resulta ser más o menos representativa del objeto. Un rectángulo, por ejemplo, sólo tendrá una proyección justa cuando ella es ortogonal (V.), pero será igualmente reconocida, aun desviándose de la estructura real del rectángulo, en mayor o menor grado, ya se lo vea convergiendo en el espacio de la perspectiva
(V.) o bien manteniendo sus lados mayores paralelos y oblicuos y los menores paralelos horizontales, en este caso se lo verá como inclinándose para entrar en el espacio. La cuestión es más difícil cuando se trata de objetós tridimensionales, pues la proyección bidimensional no puede reproducir su forma, pero a pesar de los cambios que la forma ofrezca en su proyección, origina la experiencia de un objeto reconocible e inalterable. Este fenómeno se conoce con el nombre de 'constancia de forma' (V.). En las manifestaciones plásticas a través de la historia, los artistas han llevado a cabo sus obras tomando de la proyección de los objetos el aspecto que mejor se adecuase a sus fines creadores, las variables se hacen manifiestas desde el arte egipcio hasta el de nuestros días. pasando por el 'realístico' escorzo (V.) |
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