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Tanto en la observación de una obra de arte como en la observación de las diversas estructuras naturales o llevadas a cabo por la mano del hombre, se perciben partes (V.) que por su simplicidad (V.), su estructuración, su contexto formal o expresivo, tienden a segregarse del todo dentro del cual se hallan interrelacionadas. En una pintura, por ejemplo, en la que se ve una figura oscura, con una camisa blanca, ubicada contra un fondo de valor medio, se percibirá rápidamente la segregación o posibilidad de sacar la figura de su fondo, luego segregará la camisa, ya que por su valor difiere marcadamente de lo que la rodea. Es decir, las partes mayores se segregan o subdividen fácilmente y a la vez éstas pueden subdividirse en partes menores. El grado de consistencia formal o tonal de las mismas hará que se las vea como subestructuras (V.) de la estructura total. Estas partes que perceptivamente se segregan no indican, por ello, capacidad para separarse definitivamente de su contexto, pues los principios específicos de estructuración u organización, direcciones, transiciones, forma, color, etc., son en las obras
bien ordenadas lo suficientemente fuertes como para mantener articulado el todo. |
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