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Tiziano

 
     
  (Tiziano Vecellio) (h. 1485-1576). El más grande pintor de la escuela veneciana. Los datos sobre la fecha de su nacimiento son contradictorios, pero desde luego era muy anciano cuando murió. Recibió lo más importante de su aprendizaje en el taller de Giovanni Bellini, pasando luego a estar vinculado con Giorgione, con quien mantuvo una estrecha relación. En 1506-1508 le ayudó en la decoración exterior de frescos del Fondaco dei Tedeschi en Venecia y, tras la temprana muerte de Giorgione en 1510, Tiziano se encargó de completar algunas de sus pinturas inacabadas. Aún se discute la atribución de la autoría de varias obras a uno u otro. El primer gran encargo de Tiziano fueron tres frescos en Padua (Scuola del Santo, 1511), pinturas nobles y serias que muestran una rotundidad y monumentalismo casi propios de la pintura centro-italiana. Cuando volvió a Venecia, tras la muerte de Giorgione y la marcha a Roma de Sebastiano, sólo el viejo Bellini le alejaba de la supremacía en el panorama artístico veneciano, que hubo de alcanzar poco después, en 1516, cuando Bellini murió y Tiziano fue nombrado pintor oficial de la República. Mientras tanto, se había ido liberando gradualmente del dominio estilístico de Giorgione y desarrollando un estilo propio. Algo parecido a una fusión entre la sensualidad de Tiziano y la poesía de Giorgione se ve en la enigmática alegoría conocida como Amor Sacro y Amor Profano (h. 1516, Villa Borghese, Roma); esta obra inauguró un brillante período en la trayectoria creativa de Tiziano durante el cual realizó espléndidas pinturas de tema religioso, mitológico y retratos, de concepción original y gran viveza de color y movimiento. Una serie de grandes retablos se abre con la Asunción (15161518, Santa Maria dei Frari, Venecia), que en el movimiento de elevación de la Virgen, alzándose del tempestuoso grupo de Apóstoles hacia la figura en lo alto de Dios Padre, contradice la estabilidad compositiva del Quattrocento y el pleno Renacimiento y preludia el Barroco. Los colores fuertes y sencillos utilizados aquí, y el evidente gusto del artista por la silueta de oscuras formas contra un fondo claro, reaparecen en la obra de todo ese período. Siguieron el retablo de los Pesaro (1519-1526, Santa Maria dei Frari, Venecia), una audaz composición diagonal de gran magnificencia en la que los motivos arquitectónicos se utilizan para realzar el drama de la escena, y el retablo de San Pedro Mártir (hoy destruido, pero conocido por varias copias y grabados) donde los árboles y las figuras forman juntos una composición violentamente centrífuga adecuada a la acción ( Vasari lo describió como «la obra más celebrada y más grande... que Tiziano haya hecho jamás»). Las mejores obras mitológicas de Tiziano de este período son tres cuadros (1518-1523) que pintó para Alfonso d' Este: la Ofrenda a Venus, la Bacanal (ambos en el Prado, Madrid) y Baco y Ariadna (NG, Londres); entre sus retratos de esos años destaca el Hombre del guante (h. 1520, Louvre, París), de exquisita sensibilidad. Hacia 1530, año en que murió su mujer, se hace evidente un cambio en el estilo de Tiziano. La viveza de años anteriores se trocó en un arte más sobrio y meditativo. Empezó a utilizar colores relacionados en lugar de yuxtapuestos, amarillos y gamas pálidas en lugar de los azules y rojos fuertes enfatizados en su obra anterior. También la composición se hizo menos innovadora, y utilizando esquemas que, comparados con algunos de los de su obras anteriores, parecen casi arcaicos. Así, su gran Presentación de la Virgen (1534-1538, Accademia, Venecia) utiliza la composición en friso a modo de relieve tan propia del Quattrocento. Durante la década de 1530, la fama de Tiziano se difundió por Europa. En 1530 conoció al emperador Carlos V (en Bolonia, donde fue coronado aquel año) y en 1533 pintó un famoso retrato suyo (Prado) basado en una obra del austriaco Seisenegger. Al Emperador le gustó tanto que nombró a Tiziano pintor de cámara y le elevó al rango de conde palatino y caballero del Toisón de Oro, honor sin precedentes para un pintor. Al mismo tiempo, sus obras eran cada vez más buscadas por los príncipes italianos, como la celebrada Venus de Urbino (h. 1538, Uffizi, Florencia), así llamada por su poseedor, Guidobaldo, duque de Camerino, que más adelante llegó a ser duque de Urbino; está basada en la Venus dormida de Giorgione (Gemáldegal., Dresde), pero Tiziano sustituye la lejanía idílica de Giorgione por el atractivo sensual directo. A principios de la década de 1540, Tiziano entró en la esfera de influencia del Manierismo del centro y del norte de Italia, y en 1545-1546 hizo su primer y único viaje a Roma. Allí quedó hondamente impresionado no sólo por las obras modernas como el Juicio Final de Miguel Ángel, sino también por los vestigios de la Antigüedad. Sus propios cuadros despertaron mucho interés durante su visita, y su Danae (Mus. di Capodimonte, Nápoles) fue elogiada por su tratamiento y color y (según Vasar¡) criticada por Miguel Ángel por la inexactitud del dibujo. Tiziano también pintó en Roma el famoso retrato de El papa Pablo III y sus sobrinos (Mus. di Capodimonte). La década terminó con más encargos imperiales. En 1548, el emperador llamó a Tiziano a Augsburgo, donde pintó tanto un retrato ecuestre oficial (Carlos Ven la batalla de Miihlberg, Prado) como otro más íntimo que le muestra sentado en un sillón (Alte Pinakothek, Munich). Viajó a Augsburgo de nuevo en 1550, y esa vez pintó retratos del hijo de Carlos, el futuro Felipe II de España y el mayor mecenas del final de su trayectoria. La obra de Tiziano para Felipe incluyó una serie de motivos eróticos (h. 1550-h. 1562): Danaey Venus y Adonis (Prado), Perseo y Andrómeda (Wallace Col., Londres), El rapto de Europa (Isabella Stewart Gardner Mus., Boston), Diana y Acteón y Diana y Calixto (Ellesmere Col., en depósito en la NG de Escocia), y La muerte de Acteón (NG, Londres). Tiziano se refería a estos cuadros como poesie, y desde luego son visiones altamente poéticas de mundos lejanos bastante distintos de las sensuales realidades de sus primeros cuadros mitológicos. Durante los últimos veinte años de su vida, las obras autógrafas de Tiziano, en oposición a las que atareados ayudantes creaban bajo su supervisión y con su intervención, muestran una factura cada vez más suelta y una sensibilidad en la combinación de colores que las hace cada vez más inmateriales. Los tonos otoñales reflejaban el espíritu meditabundo del artista. En esa misma época decayó su interés por las nuevas concepciones pictóricas. Hacia 15501555 había pintado un vigoroso Martirio de San Lorenzo (Gesuiti, Venecia) que tenía afinidades con el Manierismo en las tipologías y los movimientos de las figuras. En 1564-1567 repitió el cuadro (El Escorial), pero ahora la luz, que ya había tenido un papel dramático en la primera versión, se tornó rasgo fundamental, creando y disolviendo formas. Su pujanza permaneció incólume hasta el final, y su trayectoria acabó con la dolorosa Pietá (Accademia, Venecia) que estaba prevista para su propia tumba y fue acabada tras su muerte por Palma el Joven. La influencia de Tiziano sobre artistas posteriores ha sido profunda: fue magistral en todas las especialidades de la pintura y revolucionó la técnica del óleo con su pincelada libre y expresiva. Vasari escribió sobre este aspecto de sus obras tardías que estaban «ejecutadas con trazos audaces, enérgicos, y en manchas de color, con el resultado de que no pueden verse de cerca, pero a distancia parecen perfectas... El método que utilizó es juicioso, hermoso y asombroso, pues hace que los cuadros parezcan vivos y pintados con gran arte, pero esconde el trabajo que se ha hecho en ellos». Su grandeza como artista, al parecer, no era igualada por su carácter, pues era notablemente avaricioso. A pesar de su riqueza y talla social, afirmaba estar arruinado, y sus exageraciones acerca de su edad (con lo que pretendía tocar la fibra sensible de sus mecenas) son una de las fuentes de confusión acerca de su fecha de nacimiento. Jacopo Bassano le caricaturizó como prestamista en su Purificación del Templo (NG, Londres). Sin embargo, Tiziano era pródigo en la hospitalidad hacia sus amigos, entre los que estaban el poeta Pietro Aretino y el escultor y arquitecto Jacopo Sansovino. Los tres eran tan amigos, que en Venecia se les conocía como el Triunvirato, y utilizaron su influencia sobre sus respectivos patronos para ayudarse mutuamente en sus carreras.  
 

 

 

 
 
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