Hesselgren hace uso de este término para referirse a la textura del color. El trémolo constituye un estímulo de la percepción y se compone de "variaciones cortas y rápidas en altura e intensidad del tono", la resultante es un color más 'vivo y cálido'. Para producir tal efecto no deben excederse ciertos límites del color, tanto como la textura del mismo no debe ser exagerada.