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Grados de claridad u oscuridad que existen entre dos extremos de valor, por ejemplo, blanco y negro. El valor pone de manifiesto un mayor o menor grado de la posibilidad lumínica, ligada ésta siempre a la claridad u oscuridad del mismo. El valor no es condición única de los grises (V.) que resultan de la mezcla de blanco y negro, sino de toda aquella superficie que refleje más o menos luz.
Así el color puro tiene un valor que le es intrínseco, dependiendo siempre de su grado de claridad, teniendo en consecuencia una ubicación con respecto a la escala (V.) de valores; de esto resulta que el amarillo es más claro que el violeta, y el rojo anaranjado, tanto como el azul verde, se encuentran en el centro de estos extremos.
El valor de un color puede a su vez ser variado y controlado por las mezclas que el mismo sufra, sea con blanco, negro, grises o su complementario, en este caso no sólo varía su valor sino a la vez
su saturación, dado que la mezcla quebranta el
color, neutralizándolo y haciéndole perder pureza. |
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