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Vermeer Jan

 
     
  (1632-1675). Pintor holandés. Entre los grandes artistas holandeses del siglo xvii es el segundo en fama sólo después de Rembrandt, pero en vida dejó poca huella y languideció en la oscuridad durante mucho tiempo. Casi todas las referencias contemporáneas se hallan en insípidos documentos oficiales, y su trayectoria es en muchos sentidos enigmática. Aparte de una visita a La Haya en 1672 (para actuar como experto en una discusión sobre un grupo de cuadros italianos de autenticidad dudosa), no se sabe que dejara nunca su Delft natal. Ingresó en el gremio de pintores de la ciudad en 1653, y fue elegido dos veces «hooftman» (jefe), pero no se sabe quién fue su maestro. Su nombre está vinculado a menudo con el de Carel Fabritius, pero es dudoso que éste enseñara de hecho a Vermeer, y es más probable que esta distinción corresponda a Leonaert Bramer, aunque no hay similitud entre sus obras. Sólo se conocen unos treinta y cinco a cuarenta cuadros de Vermeer, y aunque es posible que algunas obras tempranas fueran destruidas en la desastrosa explosión del polvorín de Delft en 1654, es improbable que la cifra fuera mucho más alta; y ello porque la mayor parte de los Vermeer mencionados en fuentes antiguas pueden identificarse con pinturas conservadas, mientras que sólo unos pocos cuadros que hoy se le atribuyen no están mencionados en esas fuentes, por lo cual hay pocos cabos sueltos. Esta reducida producción puede explicarse al menos parcialmente por el hecho de que casi con seguridad se ganó la vida por medios distintos de la pintura. Su padre tenía una posada y era marchante de pintura, y muy probablemente Vermeer heredó ambos negocios. A pesar de ello, tuvo graves problemas financieros (debía mantener a una gran familia: su mujer le dio once hijos) y su viuda se declaró en bancarrota un año después de su muerte. Sólo están fechados tres de los cuadros de Vermeer: La alcahueta (1656, Gemáldegal., Dresde), El astrónomo (1668, col. privada) y su compañero El geógrafo (1669, Stádelsches Kunstinst., Frankfurt), y es difícil encajar los otros en una cronología convincente. (Otra obra firmada y fechada, San Práxedes limpiando la sangre de los mártires, de 1655, descubierta recientemente, es de autenticidad dudosa; está en una colección privada.) De todas formas, su obra se divide en tres fases claras. La primera está representada por sólo dos obras: Cristo en casa de Marta y María (NG de Escocia, Edimburgo) y Diana y sus ninfas (Mauritshuis, La Haya), ambas probablemente fechadas un año o dos antes de La alcahueta. Son tan distintas de las demás obras de Vermeer -por su formato comparativamente grande, su temática y su tratamiento- que Diana y sus ninfas se atribuyó durante mucho tiempo al oscuro Jan Vermeer de Utrecht, a pesar de la autenticidad de la firma. La alcahueta marca la transición a la fase media de color -como los dos cuadros históricos- y es una escena de la vida contemporánea, como lo fueron casi todos los cuadros de Vermeer a partir de entonces. En la etapa central de su carrera (en la que se sitúa la mayor parte de su obra), Vermeer pintó esas escenas serenas y armoniosas de la vida doméstica que, por su belleza de composición, ejecución y tratamiento de la luz, le sitúan por encima de cualquier otro pintor de género holandés. La mayoría muestran una o dos figuras en una habitación iluminada desde la izquierda del espectador, enfrascadas en tareas domésticas o recreativas. Los colores predominantes son el amarillo, el azul y el gris, y las composiciones tienen una sencillez abstracta que les confiere un efecto insólito en relación con su pequeño formato. En las reproducciones pueden parecer bastante suaves y detalladas, pero Vermeer aplica a menudo la pintura generosamente, con variaciones de textura que sugieren el juego de luz con exquisita vibración; el crítico Jan Veth describió adecuadamente su superficie pictórica como parecida a «perlas molidas y fundidas juntas». De este período de máxima brillantez de Vermeer data también su único paisaje, la incomparable Vista de Delft (Mauritshuis) en el que superó incluso a los mayores especialistas contemporáneos en claridad y autenticidad atmosférica, y su muy apreciado El callejón (Rijksmus., Amsterdam). Otro cuadro de esa época es de formato algo mayor y de tema poco usual en él: El estudio del artista (Kunsthistorisches Mus., Viena), en donde Vermeer muestra la figura de espaldas de un pintor, quizá un autorretrato apropiadamente enigmático. En la fase tercera y final, la obra de Vermeer perdió parte de su magia al endurecerse en cierto modo. Aún hay maravillosos fragmentos pintados en todas sus obras tardías, pero la absoluta naturalidad de sus mejores obras ha desaparecido. El único de sus cuadros que podría considerarse un fracaso es la Alegoría de la Fe (Met. Mus., Nueva York). Su esposa era católica, y bien pudo haberse convertido a su religión, pero esta figura bastante pesada muestra que no se sentía a gusto con los artificios de la alegoría barroca. Hay referencias simbólicas en otros cuadros suyos, pero todos ellos -excepto éste- tienen sentido por su aspecto directamente naturalista. No conocemos ningún dibujo de Vermeer, y poco se sabe de su manera de trabajar. Sin embargo, parece probable que utilizase una cámara oscura, ya que la exagerada perspectiva de algunos de sus cuadros (en los que las figuras o los objetos del primer plano destacan inesperadamente por su gran tamaño) y la manera en la que los brillantes puntos de luz parecen a veces ligeramente desenfocados, son efectos duplicados por lentes sin perfeccionar. El científico Antony van Leeuwenhoek (1632-1723), famoso por su trabajo con microscopios, fue nombrado albacea de su testamento, y bien pudiera ser que les uniera el interés por la óptica. Vernet. Familia de pintores franceses, tres miembros de la cual consiguieron cierto prestigio. Claude-Joseph Vernet (1714-1789) fue uno de los principales paisajistas franceses de su época. De 1733 a 1753 trabajó en Roma, donde fue influido por la luz y atmósfera de Claudio de Lorena y también por el arte más pin- toresco y dramático de Salvatore Rosa. Con Hubert Robert, se convirtió en principal exponente de un tipo de paisaje idealizado y algo sentimental que tuvo mucho éxito en su época. Vernet fue especialmente famoso por sus cuadros de la costa y los puertos, y al volver a París en 1753 recibió el encargo de Luis XV de pintar una serie de los puertos de Francia. Los dieciséis que hizo están en el Louvre. AntoineCharles-Horace, conocido por «Carle» (1758-1835), hijo del anterior, pintó grandes cuadros de batallas para Napoleón (La Batalla de Marengo; Mañana en Austerlitz; ambos en Versalles) y tras la restauración de la monarquía se convirtió en pintor de cámara de Luis XVIII, para quien hizo escenas de carreras y de caza. Émile-Jean-Horace Vernet (1789-1863) conocido como Horace Vernet, hijo del anterior, fue uno de los más prolíficos pintores militares franceses, especializado en escenas de la era napoleónica. También pintó escenas animalísticas y orientales. De 1828 a 1835 fue director de la Academia Francesa de Roma.  
 

 

 

 
 
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